Todavía no llegamos al hotel, 12 horas arriba del micro y la espera se hace interminable. Son las 10 de la mañana y seguimos viajando. El paisaje es increíble, y el día de lo mejor. No veo la hora de bajar y empezar a disfrutar de esta experiencia única (en realidad ya lo estoy haciendo).
La MÚSICA nos acompaña en todo momento, y seguirá estando presente en cada línea que escriba. En cualquier aspecto de nuestras vidas hay música, el sonido del agua, del viento, de toda la naturaleza conviviendo en un mismo ecosistema. ¿Pero qué pasa cuando esa armonía se rompe? Acaba, desaparece, queda todo en silencio. La gente se preocupa por ser cada vez más rico y descuida las cosas más importantes que nos rodean. No puedo dejar de ver las montañas extremadamente altas, que continúan hacia los costados como si nunca terminaran. Me conmueven las casitas en las alturas, construidas en gran parte con piedras y madera. Una capillita rosa se asoma, con su peculiar apariencia antigua, haciendo parecer el paisaje como una postal. ¿Quién podría acabar con esto? Espero que nadie, porque si perdemos lo que hay en este lugar, por ejemplo, muy difícilmente lo volvamos a recuperar.
Seguimos nuestro camino, y ya se va terminando el viaje, es hora de bajar del micro y aprovechar al máximo Córdoba.PROXIMAMENTE: primer día en LA CUMBRE

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